Un nuevo consenso para hablar del trastorno del lenguaje en los países hispanohablantes
El trastorno del lenguaje oral es una dificultad del desarrollo que puede afectar de manera importante y persistente a la comunicación, el aprendizaje, las relaciones sociales y la vida cotidiana. Sin embargo, durante años se han utilizado términos y criterios diferentes para describirlo: disfasia, retraso del lenguaje, trastorno específico del lenguaje —TEL— o trastorno del desarrollo del lenguaje —TDL—.
Esta variedad terminológica ha generado confusión entre familias, profesionales sanitarios, docentes e investigadores. Para avanzar hacia unos criterios comunes, un grupo internacional de especialistas ha realizado un estudio de consenso sobre cómo denominar, clasificar y diagnosticar estos trastornos en los países de habla hispana.
Un consenso entre especialistas de 13 países
El estudio contó con la participación de 51 especialistas procedentes de 13 países hispanohablantes, entre ellos España, Argentina, Chile, Colombia, México, Perú, Uruguay y Estados Unidos.
Participaron profesionales de diferentes ámbitos, como la logopedia o fonoaudiología, la psicología, la educación y la lingüística, además de representantes de asociaciones de familias.
Para alcanzar los acuerdos se utilizó el método Delphi, una técnica que recoge de forma anónima las opiniones de un grupo de expertos durante varias rondas. En este caso se realizaron dos rondas de valoración y, finalmente, se establecieron 25 acuerdos principales.
¿Qué términos se recomienda utilizar?
Uno de los principales acuerdos se refiere a la terminología.
Se propone utilizar la expresión trastorno del lenguaje como término general para describir las dificultades significativas y persistentes que afectan al desarrollo comunicativo, social o escolar del niño.
El término trastorno del desarrollo del lenguaje —TDL— se reservaría para aquellos casos en los que existen dificultades graves y persistentes en el lenguaje, pero no se identifica una condición biomédica que las explique.
Cuando las dificultades lingüísticas aparecen como consecuencia de otra condición, se recomienda utilizar la fórmula:
“Trastorno del lenguaje asociado a…”
Por ejemplo, trastorno del lenguaje asociado a discapacidad intelectual, autismo, parálisis cerebral o hipoacusia.
En los menores de cuatro años que empiezan a hablar más tarde, pero todavía no cumplen los criterios para un diagnóstico de TDL, se aconseja utilizar los términos inicio tardío del lenguaje o hablante tardío.
No se recomienda dividir el TDL en subtipos cerrados
Los especialistas consideran que no deberían establecerse subtipos rígidos de TDL.
En su lugar, el diagnóstico debe incluir una descripción detallada de las áreas del lenguaje y la comunicación que están afectadas en cada niño. El TDL puede manifestarse de formas muy diferentes y afectar a una o varias de estas áreas:
- Fonología.
- Morfología y sintaxis.
- Semántica y vocabulario.
- Acceso a las palabras.
- Pragmática.
- Discurso.
- Memoria y aprendizaje verbal.
Este enfoque permite comprender mejor las necesidades concretas de cada persona y diseñar una intervención más individualizada.
¿Qué condiciones excluyen el diagnóstico de TDL?
El estudio distingue entre condiciones biomédicas que explican las dificultades del lenguaje y otros trastornos que pueden coexistir con el TDL.
No se utilizaría el diagnóstico de TDL cuando las dificultades lingüísticas estén asociadas principalmente a condiciones como:
- Daño cerebral.
- Parálisis cerebral.
- Trastornos neurodegenerativos.
- Hipoacusia neurosensorial.
- Síndromes genéticos.
- Trastorno del espectro autista.
- Discapacidad intelectual.
- Mutismo selectivo o psicógeno.
En estos casos se hablaría de un trastorno del lenguaje asociado a la condición principal, lo que permite reconocer que la persona también necesita una atención específica en el área lingüística.
El TDL puede coexistir con otros trastornos
El TDL sí puede aparecer junto a otras dificultades o trastornos. Entre las posibles comorbilidades se encuentran:
- TDAH.
- Problemas motores o trastorno del desarrollo de la coordinación.
- Dispraxia.
- Dislexia, discalculia o disgrafía.
- Tartamudez y otros trastornos de la fluidez.
- Trastornos de los sonidos del habla.
- Problemas emocionales.
- Dificultades de conducta.
Por tanto, la presencia de estas condiciones no descarta automáticamente el TDL. Es necesario valorar cada caso de forma completa.
¿A partir de qué edad puede diagnosticarse?
El consenso establece que el diagnóstico de TDL puede realizarse a partir de los cuatro años, siempre que las dificultades sean graves, persistentes y afecten de manera significativa a la vida cotidiana, el aprendizaje o las relaciones sociales.
Antes de esa edad se recomienda hablar de inicio tardío del lenguaje o de hablante tardío, iniciar una intervención preventiva y realizar un seguimiento periódico.
Algunas señales pueden indicar un riesgo mayor de que las dificultades continúen:
- Problemas de comprensión del lenguaje.
- Escaso uso de gestos para comunicarse.
- Antecedentes familiares de dificultades del lenguaje.
En estos casos resulta especialmente importante realizar una evaluación completa e intervenir de manera temprana, sin esperar necesariamente a que exista un diagnóstico definitivo.
Una evaluación amplia, no basada en una sola prueba
Otro de los acuerdos más importantes es que el diagnóstico no debe depender exclusivamente del resultado obtenido en un test.
La evaluación debe ser multidimensional y combinar diferentes fuentes de información:
- Entrevistas con la familia y el profesorado.
- Observación directa del niño.
- Pruebas estandarizadas.
- Evaluaciones basadas en el desarrollo evolutivo.
- Muestras de lenguaje espontáneo.
- Valoración cualitativa de la comunicación en situaciones reales.
También deben evaluarse, como mínimo, el lenguaje comprensivo y expresivo, la pragmática, el habla, la audición y el nivel cognitivo.
El profesional principal en la evaluación y el diagnóstico debe ser el logopeda, fonoaudiólogo o terapeuta del habla y del lenguaje, aunque en muchos casos será necesaria la colaboración de otros profesionales.
La repercusión en la vida diaria es fundamental
El diagnóstico no debe centrarse únicamente en si el niño obtiene una puntuación baja en una prueba. Las dificultades deben ser significativas, persistentes y tener consecuencias funcionales.
Es decir, deben afectar de forma real a aspectos como:
- La participación en el aula.
- La comprensión de instrucciones.
- La expresión de ideas.
- El aprendizaje de la lectura y la escritura.
- Las relaciones con otros niños.
- La autonomía y la vida familiar.
Esta visión permite evitar diagnósticos basados únicamente en cifras y ofrece una imagen más completa de las necesidades del niño.
La importancia de evaluar las dos lenguas
En niños bilingües o multilingües, tener dificultades en la lengua del entorno no significa necesariamente presentar un TDL.
Para realizar el diagnóstico es necesario comprobar que las dificultades sean significativas y persistentes también en la primera lengua del niño.
Cuando no sea posible evaluar directamente esa lengua, se recomienda recurrir a entrevistas con la familia, información del profesorado, observación directa y análisis cualitativo de su comunicación.
Un niño que se comunica adecuadamente en su lengua familiar, pero todavía no domina la lengua del colegio o del país en el que vive, presenta una diferencia en su desarrollo lingüístico, no necesariamente un trastorno.
¿Por qué es importante este estudio?
Este consenso supone un paso importante hacia la unificación de criterios en el mundo hispanohablante.
Utilizar una terminología común y unos criterios diagnósticos compartidos puede ayudar a:
- Mejorar la detección temprana.
- Evitar confusiones entre familias y profesionales.
- Facilitar la coordinación entre sanidad y educación.
- Diseñar intervenciones más ajustadas.
- Favorecer el acceso a apoyos y recursos.
- Impulsar investigaciones comparables entre países.
El estudio también refuerza una idea fundamental: cada niño presenta un perfil lingüístico diferente. Por ello, la evaluación debe ir más allá de una etiqueta diagnóstica y describir de manera precisa sus fortalezas, dificultades y necesidades de apoyo.
Fuente
Andreu, L., Auza, A., Coloma, C. J., Dioses Chocano, A. S., Lara Díaz, M. F., Maggio, V., Simón-Cereijido, G. y Consorcio AHITL (2026). Estudio de consenso Delphi sobre el trastorno del lenguaje oral en los países hispanohablantes. Revista de Investigación en Logopedia, 16(2).
Puedes acceder al artículo completo aquí: https://revistas.ucm.es/index.php/RLOG/es/article/view/106526
